| Las dos ultimas mujeres de Napoleón en Santa Elena Antes de comenzar, por Napoleón una española sintió mucho amor, ella era María Waleska, aclaro que estaba casada con un polaco. Tal era su pasión que tras haber sido amante del emperador en la isla de Elba lo persiguió en su ida a Paris durante los 100 días y luego quiso seguirlo en su destierro, después de las derrota de Waterloo, Napoleón que no estaba enamorado, la eludió a ella y al polaco Waleska, que quería que Napoleón la tuviera como favorita, disfrazándose. Cuando llegaron al puerto de Rochefort, como sabemos, lo esperaban dos pequeñas embarcaciones, pero fue atrapado por los ingleses, los trasladaron a Santa Elena, nada de eso estaba en los planes, Napoleón quería huir hacia cualquier lugar, pero resignado, fue apresado Santa Elena era desde 1650 territorio Ingles, tiene una superficie de unos 122 Km2, esta justo en medio del atlántico, a mitad de camino entre África y América, es un lugar perdido en medio del océano. Un lugar que imposibilita cualquier intento de fuga, así también como cualquier sorpresa, cualquier avance de flotas que quisieran recuperar a Napoleón, perdía eficacia, porque podía ser avistado desde el lugar más alto de la isla, a unos 850 metros sobre el nivel del mar. Pero Napoleón no la paso tan mal allí, primero suspiro por haberse podido escapar de Maria Waleska, y empezó a pensar en quienes lo acompañaban al destierro .En el barco que lo llevo a santa Elena, iban entre otros, el mariscal Bertrand, y su esposa Fanny Le Hon, ella era morena, hermosa ardiente, había estado detenida por intentar violar a dos muchachos de corta edad, y viajaban también el general de Montholon y su esposa Albine Basal, era rubia y de busto noble, Albine era una muchacha infiel. Desde hacia largo tiempo en general de Montholon, había decidido cerrar los ojos ante los frecuentes engaños de su mujer. El historiador dice, que los celos de un solo hombre, no hubieran bastado para soportar todas sus infidelidades. Antes de casarse con el general de Montholon, había estado casada ya dos veces, pero había sido repudiada por adultera, esto sobre Albine, y luego empezó a entregarse, redondamente a quien la tomase. Por supuesto acompañaba a Napoleón su custodia, Gurgo, y toda una comitiva de ayudas, que incluida cocineros, vestidores, médicos, músicos y chusmas El viaje a santa Elena duro 2 meses. Y Napoleón ciertamente no se aburrió, supo apenas zarparon que Fanny y Albine, eran mujeres de gran corazón, las dos se habían prometido al salir, acostarse con todos los hombres de abordo, y eso dio como resultado varios hoques naturalmente, dos o 3 veces por semanas se peleaban en los pasillos por algún oficial o un marinero y toda la tripulación asistía a escenas muy divertidas, las dos damas se perseguían por cubierta, se tildaban de rameras, y sus maridos, que solamente se preocupaban por no ocasionarle inconvenientes al emperador, no prestaban atención a lo que ocurría con sus mujeres. Así con el paso de peces voladores, la pesca de la marsopa, alguna que otra tormenta, esas peleas y todo eso fue distrayendo a Napoleón durante la travesía Por fin llegaron a Jamestown, que es el puerto principal de santa Elena y allí Fanny y Albine, comenzaron a disputarse a Napoleón. La competencia entre las dos muchachas, fue memorable. Trabajaban del siguiente modo> Ejemplos de la disputa que burgo anoto en su diario Cuando el mariscal Bertrand, marido de Fanny, y el general de Montholon, el marido de Albine, se enfrentaban por ejemplo en la práctica de esgrima, las muchachas hacían entre ellas una apuesta secreta. El ganador, por supuesto que sin saberlo, confería a su esposa la posibilidad de ocupar al día siguiente con el ejercicio de la seducción ante Napoleón. El perdedor obtenía una dicha, que desconocía, le confería a su esposa la pena de mantenerse alejada del emperador. Estas apuestas eran conocidas por todos los ingleses residentes en Jamestown, que también apostaba a favor de una o de otra, había una enorme suma de dinero, que se reunía a veces en la taberna “El pájaro”, a la espera que Napoleón se mostrara finalmente con su favorita delante de todos. Puede decirse que la disputa fue vana, porque la posibilidad de acercarse no tuvo en este caso soberana efectividad, quiero decir esto, en casi todas las competencias había ganado Fanny su marido el mariscal Bertrand, entonces Fanny tuvo prioridad para andar cerca del emperador en sus paseos y sus comidas, ella lo miraba desafiante y cuando podía le insinuaba sonrisas pecaminosas, porque como se ha dicho esta muchacha marcaba 1.37 la milla. Pero resulta que cuando Napoleón estuvo tranquilo y bien instalado en santa Elena, la llamo a Albine como secretaria, y en el primer día de trabajo, se le abalanzo y la honro sobre la alfombra, ahí nomás. Y Fanny estaba furiosa, imagínense, había ganado ella casi todo, pero se la tuvo que aguantar. Los encuentros galantes entre Napoleón y Albine se hicieron rutina, Albine decía orgullosa, que una hechicera le había profetizado, que un día seria reina sin serlo. El 26 de enero de 1818 Albine de Montholon, tuvo una hija. Todo mundo comento que era hija del emperador, Albine no hizo nada para callar aquellos humores, al contrario, cuando alguien iba a admirar a la niña jamás dejaba de decir que era igual al emperador y que tenia sus mismas manos. Al año siguiente Albine cayó enferma, tuvo que abandonar santa Elena y regresar a Francia. Napoleón la vio marchar con infinito pesar, sin embargo no tardo en buscarse una sustituta, y su mirada se fijo con insistencia en Fanny. Y Fanny que tanto había padecido por verse postergada por Albine, decidió vengarse por un tiempo, se negó rotundamente a entregarse a los placeres de Napoleón. Se le negó por muchos meses, y fue un error. En la primavera de 1821 el mal que sufría Napoleón, desde su llegada a santa Elena, empeoró bruscamente, fue un mal misterioso, que hoy mantiene divididos a los historiadores franceses, muchos dicen que Napoleón fue envenenado. Los que lo acompañaban impotente, como el emperador iba de sillón en sillón, con las facciones contraídas por el dolor, el 17 de marzo de 1821, Napoleón se murió. Mejor dicho, tuvo un ataque, y lo llevaron al dormitorio de el, y ahí se queda, no se levanto mas En ese momento Fanny quiso verlo y Napoleón se negó. Se negó con una nota muy dramática que decía “no es el momento, los tiempos dignos ya han pasado, la veré cuando muera” una frase fuerísima, y nunca le abrió la puerta. Durante los días siguientes, Napoleón, que apenas comía, continuo debilitándose, y durante su agonía recibió muchas cartas, pero haremos mención a una en especial, era de Maria Waleska, que lamentaba el no poder estar a su lado para cuidarlo, con sus lagrimas había corrido la tinta, aseguraba amarlo y agregaba con tierna ingenuidad el no poder juntar el dinero para alquilar un barco y que la llevara a su lado en santa Elena. A Napoleón mucho no le importo, en realidad no le importaban ni la Waleska, ni Fanny ni Albine, ni Maria Luisa. Antes de expirar murmuro el nombre de la única mujer que había amado, dijo Josefina y se murió, era mayo de 1821 y tenía 51 años de edad. Creo que la historia es impresionante en su final, porque no dijo Maria Luisa, dijo Josefina Que nombre diremos cuando estemos allá en nuestra santa Elena? En nuestra agonía, después de recibir cartas de Waleska? Porque todos tenemos una Waleska en nuestras vidas, porque imagínese debe ser de lo peor, estar agonizando y recibir una carta de una persona que uno no sabe como librarse, uno esta esperando correspondencia milagrosa, quiero decir de esa que no llegan, y uno mira el remitente y piensa un nombre que no es Waleska, y mira, y dice Waleska, ella es siempre la que llama, siempre la que manda carta Que misterio el no saber que nombre diremos, porque yo no lo se y en parte me alegra en no saberlo, porque mi vida no esta terminada aun y me alegro de no saberlo. Y por otro lado, la frase que nos deja Napoleón, y nos hace pensar sobre los tiempos dignos, porque uno siempre piensa que los tiempos dignos aun no han terminado y cuando terminan los tiempos dignos ya no hay otros nombres para agregar a la lista, el amor solo florece con la dignidad. Es una historia no se si muy extravagante o muy graciosa, pero registra algunos asuntos, interesantes no tanto por saber lo que le paso a Napoleón, sino como materia de indagación propia que nombre pronunciaremos, y cuanto duraran los tiempos dignos. Y después detenerse sobre el carácter digno o indigno de unos tiempos, porque hay que hacer un esfuerzo necesario para hacer de nuestros tiempos dignos, muchas veces la dignidad a uno lo abandona en tiempos muy tempranos y otras veces uno puede estirar mucho más esa dignidad. Y a quien dedicarse, bueno creo que este caso a Napoleón, pero solo en este caso, porque nos dio esa frase. También naturalmente a Josefina, que si bien no aparece en esta historia, solo aparece en un instante, pero que instante. También llama la atención la carta de Maria Waleska, donde se notan chantajes de parte de ella, como la lágrimas que corren la tinta de su nota, el lamentarse por no poder ir a santa Elena. Y claro que la dedicación a Albine y Fanny que era dos locas de un grandioso corazón, y buscando personajes alternos, los que apostaban en la taberna “El Pájaro”. |