LA INSPIRACIÓN PARA NAPOLEON
Cuando Napoleón logró conquistar en París los círculos de la alta sociedad, conoció a Josefina de Beauharnais, viuda del general vizconde de Beauharnais, que había sido diputado de la nobleza en los Estados Generales y presidente de la Constituyente antes de ser guillotinado en 1794.

Se dice que Josefina era una mujer muy atractiva pero que tenía una dentadura descuidada.
Napoleón quedó pronto seducido por la atractiva vizcondesa, y Napoleón debió ver también en ella la influencia social que podía adquirir con su relación. Propiamente el matrimonio fue fundamentado en una ambivalencia de intereses.
El 9 de marzo de 1796 contrajo con ella matrimonio civil y dos días más tarde salía para unirse al ejército de Italia como comandante en jefe. Las campañas de Italia dieron fama a Napoleón en Francia y en toda Europa cuando aún no había cumplido los treinta años.
Napoleón al saber que ella lo engañaba cuando él realizaba sus expediciones por Egipto para impedir la expansión de los ingleses, regresó y decidió darle una nueva oportunidad. Josefina era seis años mayor que Napoleón y esto nunca fue un impedimento para que el estuviera locamente enamorado de ella.
Lo que hizo efectiva la separación con Josefina fue que al no tener hijos de su matrimonio con Josefina, estéril desde los treinta y cinco años, él decidió declarar nula la unión. Deseoso de tener un heredero, rápidamente concertó su segundo matrimonio, esta vez con una princesa austriaca, llamada María Luisa, hija del emperador Francisco I. 
La unión se hizo posible como acuerdo establecido en la paz de Viena, firmada tras la derrota austriaca en la batalla de Wagram. El 20 de febrero de 1811 nacía por fin su anhelado heredero, Francisco Carlos José Bonaparte, destinado a suceder a su padre al frente de un imperio que comprende la mitad de Europa y que incluye, además de Francia, las anexionadas Bélgica, Holanda y la margen izquierda del Rhin.
Aunque se casó por segunda vez con María Luisa, él siempre estuvo enamorado de Josefina, que fue su gran amor, y su desdicha hasta el final de sus días.
Cuando estuvo exiliado en el isla de Santa Elena comentó: "Ahora solo espero la muerte, para estar con mi amada Josefina"...

